Tres años sin ti

Carta a mi mamá


Querida ma:

Este jueves se cumplen tres años sin ti. De verdad no puedo creer lo rápido que pasa el tiempo. Parece que fue ayer que llegaba a la casa a encontrarte tirada en el sillón viendo tu serie favorita y me tiraba contigo un rato para contarte mi día y que me hicieras piojito. Siempre estuviste ahí para nosotros, preguntándonos cómo nos había ido, aunque a veces sólo tuvieras un "qué te importa" como respuesta. Te recuerdo como una mamá llena de amor, paciencia y creatividad con la que nos llenaste a mis hermanos y a mí, al igual que a toda la familia, amigos y alumnos.


Han sido años difíciles, pues te fuiste y te llevaste contigo una gran parte de mí. Siempre fuimos muy parecidas; podré haber sacado el genio y carácter de papi, pero los gustos, la creatividad y el amor por el yoga y el diseño venían completamente de ti. Recuerdo que varias veces en la escuela nos pedían hacer trabajos sobre alguna persona que nos inspirara o fuera nuestro modelo a seguir y debo confesar que muchas veces pensé en ti, pero me daba pena escribir eso cuando todos los demás estaban escribiendo sobre personas famosas. Para mí no fue solamente perder a mi mamá (lo cual ya es dolor suficiente), sino que también fue perder a mi maestra, compañera e inspiración. De verdad veía tantas cosas en ti que yo quería algún día lograr. Lo que más me duele, ma, es que ya logré varias y tú no estás aquí para verlas.


Logré certificarme como maestra de yoga, algo que las dos queríamos desde que empezamos a practicar juntas. No fue fácil, te extrañé cada segundo de la primera certificación y salí llorando de cada clase por el dolor que sentía de ya no tenerte a mi lado. Me gustaría decir que ese dolor ha desaparecido, pero la realidad es que estoy tomando la cuarta certificación de yoga y aún me pongo nerviosa, lloro y me siento como perro perdido antes de ir a practicar.


La práctica de yoga empezó siendo algo que compartíamos y cuando te fuiste comenzó a ser algo que me acercaba a ti. Hoy en día es un momento para consentirme, recordar y honrar todas las cosas tan lindas y amorosas que me enseñaste. Desde recordar que por más cuchas que estemos a veces, podemos seguir practicando y encontrando variaciones creativas para cada postura, hasta conectar conmigo, creer en mí y tratarme con el amor y compasión que tú tenías por mí.


¡Ya logré dar la clase que tú nunca pudiste! Bueno, en realidad han sido muchas más y siempre estás presente de alguna forma en cada una de ellas, especialmente cuando las señoras me platican sobre sus hijos o cuando llegan madres e hijas a practicar juntas. Aunque por fuera les sonrío, por dentro me dan unas ganas enormes de tirarme al piso y gritar que extraño a mi mamá, pero me controlo y recuerdo que existen formas de transformar ese dolor y logro canalizarlo en la clase.


Cada día va mejor, de verdad estarías muy orgullosa de mí y de todo lo que he construido. Bueno, también estarías un poco apanicada por todas las locuras y riesgos que papi me ha dejado tomar en tu ausencia (o que no tuvo mucha opción más que sonreír y decir que sí), pero estoy construyendo el futuro que quiero y amando cada día del proceso.


Claro que no todo ha sido color de rosa. No he logrado realmente diseñar desde que te fuiste y, honestamente, no sé si algún día lo logre. Es demasiado doloroso abrir un programa de diseño, empezar a crear y no poder enseñarte lo que estoy haciendo, pero voy poco a poco, con amor, paciencia y compasión. La gente pregunta que cuándo voy a volver a lanzar productos diseñados por mí y se sorprenden o decepcionan cuando les digo que me estoy dando un descanso. El descanso lleva tres años y, la verdad, no sé si algún día vuelva a diseñar igual.


He cambiado. La Pau que era antes se fue contigo, pero no me quejo porque la nueva Pau no está tan mal. Es más comprensiva con ella misma, fuerte y paciente con los demás, a pesar de también estar rota, deprimida, sufriendo de ansiedad y muchas veces no saber ni qué hacer. Sin embargo, sé que es un proceso, es parte de crecer y de sanar. Todos dicen que me admiran, que soy una persona muy fuerte y que he logrado transformar tanto dolor en cosas increíbles. Y es cierto, yo también estoy orgullosa de todo lo que he logrado, pero la Pau de antes tampoco estaba mal, la Pau de antes, aunque no era tan fuerte o independiente, tenía a su mamá.


Sigo encontrando mi espacio en el mundo, sanando cada herida que se ha abierto desde que ya no estás y encontrando otras que estaban desde años atrás. Pero fuera de tanta dificultad, de tanto dolor y sufrimiento, estoy bien. Estoy eternamente agradecida por el tiempo que pude disfrutar contigo y de todo lo que aprendí de ti, y aunque suene raro, estoy agradecida de sufrir tu pérdida, porque me ha hecho mejor persona, me ha hecho acercarme más a mis hermanos, a darme cuenta de lo increíble, fuerte, luchador y amoroso que realmente es papi y, más que nada, de como una persona tan mágica e increíble como tú puede dejar una huella tan grande en las personas que te querían en tan poco tiempo.


Así que sí, ma, te extraño y me encantaría poderte abrazar nuevamente, pero sé que estoy y voy a seguir estando bien sin ti. Te quiero y siempre te querré.

- Tu Pausita