Strong mind, strong body

El poder de los movimientos conscientes y controlados


Tenemos la creencia de que mientras más repeticiones o más rápido hagas algún ejercicio, mejores resultados vas a tener. Si algo he aprendido en estos años de tomar y dar clases de yoga y barre, es que esa creencia no es del todo cierta.


Toda mi vida he hecho ejercicio. En mi casa nos dejaban elegir qué actividad física queríamos hacer, pero desde los 5 años teníamos que elegir una. La verdad es que por años odié a mi mamá por querer meternos a mí y a mis hermanos a diferentes actividades, especialmente cuando no encontraba ninguna que me gustara o que tuviera gente de mi edad. Pasé por ballet, tenis, baile y hasta futbol, donde me escondía atrás de la portería porque le tenía pavor a la pelota. No importaba qué etapa de mi vida fuera, el ejercicio siempre fue una parte importante de mí.


Cuando tenía dieciséis años, mi mamá o ya no quería discutir conmigo o simplemente se dio por vencida y comenzó a dejarme tomar mis propias decisiones sobre el ejercicio. Al principio por supuesto que aproveche para no hacer absolutamente nada; muchas de mis amigas llegaban de la escuela a ver la tele y la verdad es que eso sonaba como el plan ideal. No me duró mucho el gusto, mi cuerpo estaba cambiando por la adolescencia y porque pasé de moverme mínimo dos veces a la semana a pasar toda la tarde viendo tele. Era obvio que no moverme eventualmente dejó de ser opción, pero no quería ir a actividades de niños chiquitos porque a mis dieciséis años pensaba que ya era un adulto. Así que, como todos los adultos jóvenes, decidí ir al gimnasio. Para no hacerte el cuento largo, el gimnasio y yo nunca fuimos buenos amigos y pasé años yendo simplemente para quemar las calorías que había consumido y hacer todo el cardio posible de la forma más rápida posible. Seguí millones de videos en YouTube para "obtener ese abdomen plano" y "marcar las pompas" con el objetivo de bajar de peso y marcar mi cuerpo con el mínimo esfuerzo o enfoque.



Conectando por primera vez


No fue hasta que encontré el yoga y los pilates que algo dentro de mí poco a poco fue cambiando. El ejercicio ya no era simplemente un castigo o algo que se tiene que hacer. Empecé a disfrutarlo y me di cuenta de que claro que tiene beneficios físicos, pero los beneficios mentales de un ejercicio consciente podían ser igual o hasta más valiosos.


"El ejercicio no solamente cambia tu cuerpo, también cambia tu mente, actitud y humor."

Después llegó la disautonomía a mi vida (una falla en el sistema nervioso central) y todo ese ejercicio sin control, de alto impacto y rápido al que estaba acostumbrada simplemente se volvió algo imposible. Por un rato pensé que ya no iba a poder hacer nada, pero fue ahí cuando me di cuenta de la importancia de conectar con tu cuerpo y con cada sensación y señal que te manda.

Poco a poco fui retomando la actividad física, con movimientos lentos, conscientes, controlados y con pocas repeticiones. Con el tiempo, fui retando cada vez más a mi cuerpo: algunos días con clases de una hora y otros con pequeños videos de 15 a 30 minutos. Realmente aprendí a escucharme y a moverme con consciencia, y no sólo empecé a ver muchos más resultados físicos, sino que también empecé a experimentar beneficios mentales y emocionales que no creía posibles.



Strong Mind Strong Body


Inspirado en todo mi camino fitness y reconociendo que no siempre es fácil hacer una hora entera de ejercicio diaria, decidí hacer este reto de siete días para que vuelvas a conectar contigo, con tu interior y con tu exterior por medio del ejercicio.