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Más que sólo ejercicio

¿Qué es realmente la práctica de yoga?


Creo que todos hemos escuchado que la práctica de yoga tiene muchísimos beneficios para nosotros, pero ¿realmente sabemos a qué se debe esto? El día de hoy, les junté cuatro historias: tres de maestras increíbles que admiro mucho y cuyas clases son muy distintas, y, por supuesto, la mía. Con esto, tengo la esperanza de plasmar el mundo infinito de posibilidades y beneficios que tiene el yoga de la forma más sencilla posible.



Hace casi 9 años empecé mi práctica de yoga. En ese entonces tenía apenas 17 años y tuve la suerte de estar en dos grupos: uno lleno de señoras mayores a 40 años y otro con puras niñas de 14 años. Como te imaginarás, mi práctica en cada grupo era completamente diferente; en un grupo eran puro silencio y seriedad, mientras que en el otro eran puras risas y susurros. Cada grupo estaba ahí por una razón diferente: las señoras entendían la práctica tanto física como mental y espiritual, mientras que las niñas estaban ahí por diversión, por pasar un tiempo con sus amigas. En mi caso, yo estaba ahí por el ejercicio (o al menos esa era la razón consciente). 

Si algo he aprendido estos años, es que es bastante raro escuchar que alguien empezó su práctica de yoga antes de los 20 años. ¿Por qué? La práctica de yoga es maravillosa, pero seamos honestas, a tus 17 años lo que realmente te importa es estar "fit" y tener ese "cuerpo perfecto", y el yoga tiene miles de beneficios, pero "tonificarte" en segundos y bajar de peso no es uno de ellos. Es por eso que las pocas personas que practican yoga frecuentemente a sus 20 prefieren prácticas intensas y movidas como un Vinyasa, Ashtanga o Rocket, mientras que las personas más grandes son más que felices con prácticas tranquilas como Hatha o Kundalini.


“Considero que a muchos les llama más la atención una práctica de asanas intensas como el rocket porque las imágenes que recibes son personas súper fuertes, actividad física intensa y el estereotipo de yoga de personas delgadas, fit y mega flexibles. Aquí, en esta intensidad, sientes el cambio y el trabajo en los músculos tan pronto terminas de practicar, por lo que se percibe ‘el resultado inmediato’.”

Karerina Cámara. Maestra certificada en Ashtanga,

Vinyasa, meditación, Yoga Nidra y Rocket L1


¿Estoy mal si prefiero prácticas intensas y demandantes? En mi opinión, ¡por supuesto que no! Sería muy hipócrita de nuestra parte (como maestros) pensar que todos deben empezar su práctica sabiendo que el yoga trabaja el cuerpo, mente y alma, especialmente cuando muchos de nosotros empezamos por la parte física.



La parte física del yoga


Sí, el yoga es una práctica ancestral que trabaja la mente, alma y espíritu, pero, en occidente, la practica llamó la atención por las posturas físicas (asanas) y todos los beneficios que pueden tener en tu cuerpo. Cada postura trabaja una parte diferente del cuerpo, retándolo a mantener la postura o siquiera llegar a ella.


¿Voy a ver cambios físicos si practico yoga? Lo más probable es que sí, pero no solamente los estéticos que se imaginan. Las posturas nos ayudan a alinear y balancear nuestro cuerpo, son la combinación perfecta entre la flexibilidad y fuerza necesaria para tener un cuerpo sano por años. (Checa la siguiente tabla para conocer más beneficios físicos).

Es por esto que cuando Mar me contó su primer acercamiento al yoga, no me sorprendió para nada, al final, los beneficios físicos del yoga son los más conocidos. Mar es bailarina de ballet desde los 13 años y actualmente es maestra certificada en Hatha, Ayurveda y, próximamente, Vinyasa.


Empecé a practicar yoga hace 8 años. La práctica llegó a mí por recomendación de mis maestros de ballet, como una forma más de mejorar mi flexibilidad. Siempre nos mandaron con profesores de yoga que enfocaban su clase en mejorar nuestra flexibilidad. En ese momento no veía la parte de la respiración, quedarme en la postura o crear control, sólo lo veía como una forma de volverme más flexible. 
Seguí practicando, pero realmente no me lo tomaba tan en serio, era, más que nada, "mi práctica para la flex", para nada era en lo que se ha convertido hoy en día. Solía practicar yoga una vez al mes con diferentes profesores, pero cuando dejé de tener esa guía, mi práctica paso a ser cada dos meses (bastante irregular). 
En el 2018, empecé a meterme más en el rollo del bienestar y la salud, y fue cuando mi mente dijo "¡claro, el yoga!", viéndolo ahora desde una perspectiva más integral. Aunque ya lo conocía, realmente no había experimentado todos sus beneficios. Ahí fue cuando decidí tomarme la práctica más en serio. 

Es muy común que doctores, maestros, entrenadores o simplemente amigos te recomienden empezar a practicar yoga por todos los beneficios físicos que tiene. Sin embargo, ¿qué es lo que realmente nos hace seguir practicando? En el caso de Mar, ella ya no baila ballet como antes, pero su práctica de yoga es más constante. Para mí, por años fue simplemente esa motivación física de retar a mi cuerpo y, aunque lo dejaba a ratos (porque no era motivación suficiente), siempre había algo que me hacía regresar. Cuando leí la historia de Gaby, todo empezó a tener sentido.


Comencé a practicar posturas de yoga en 2017, en el Centro Budista de la Ciudad de México. En aquél entonces, me atraía la idea de que se trataba de una disciplina que me permitiría ejercitarme y, honestamente, adquirir flexibilidad física; me consideraba tiesa como una tabla.

No quiero romantizar la práctica de posturas de yoga, no obstante, para mí fue amor en la primera clase (como analogía al amor a primera vista). El momento en el que sentí “de aquí soy” y “quiero más de esto” fue al final de la clase, durante la postura de “savasana”, que en español se llama “postura del cadáver”. Estaba acostada boca arriba sobre mi tapete de yoga, con las piernas ligeramente abiertas, los brazos a los costados, mis ojos cerrados y el cuerpo exhausto (porque sin la costumbre de estirar mi cuerpo la primera clase se sintió intensa), cuando se acercó mi maestra Wendy a acomodarme los hombros, lo que hizo que mi pecho “se abriera” y justo ahí sentí “la magia”. A nivel físico me sentía muy bien, con el tipo de cansancio que se disfruta, pero el oro se lo llevó la forma en que me sentía a nivel emocional y mental: me encontré en un estado de relajación delicioso, sentía que la vida estaba MUY BIEN, las tensiones y el estrés del trabajo se habían puesto en pausa y podía disfrutar de ese instante. Hacía mucho que no me sentía así.

Al principio, no te das cuenta, todo pasa en un plano de consciencia al cual no siempre tenemos acceso, pero algo cambia dentro de ti. Muchos, como Gaby y yo, lo definimos como una relajación física al principio, pero después sabes que va mucho más allá, que las posturas de yoga mueven mucho más que simplemente el cuerpo; mueven el alma.


Recuerdo la primera vez que me encontré con los Chakras (puntos energéticos de nuestro cuerpo) y toda la filosofía del yoga; para mi, realmente eran puros inventos cursis para venderte la práctica y hacerla sonar más linda. No estamos acostumbrados a conectar con nosotros de verdad, creemos que sabemos escucharnos, pero solo oímos lo que nos conviene. Eso es lo que atrae o incomoda del yoga, el movimiento de la energía durante una hora de clase. El claro ejemplo de esto son las aperturas de pecho o cadera, esas posturas extremadamente incómodas donde el cuerpo no suelta la tensión. ¿Me creerían si les digo que una gran parte de esto son todas las emociones que tienen guardadas?



Moviendo energía


Sí, ya lo se, suena muy espiritual, muy fantaseoso, "si me duele la cadera me duele y fin, no tiene nada que ver con tus energías y emociones". Créeme, eso pensaba yo, pero luego lo viví yo misma.


Siempre he sido una persona flexible; hice gimnasia y baile desde chica, así que los arcos en el yoga eran "recreito" para mí, no presentaban ningún tipo de dificultad. Podía hacer de todo, sin importar si mi cuerpo estaba mega caliente y preparado o no. Luego, las emociones atacaron. Perder a mi mamá cambió mi cuerpo. Esos arcos dejaron de salir y terminaba cada clase con dolor de espalda por intentar llegar a la misma versión de siempre. Mi cuerpo me pedía a gritos parar, así que eso hice. Deje los arcos por un año, en el cual me dedique a sanar y a dejar ir todo el dolor y trauma que había vivido. Empecé a conectar más conmigo y mi amor propio. Pasaron los meses y me iba sintiendo emocionalmente mejor, más calmada y liberada. Un día sin planearlo o darme cuenta, subí a mi arco. Se sintió bien, me sentí liberada, ligera, y sabía que ese arco era mucho más que solo flexibilidad, era todo un proceso de sanación concluyendo, eso que tanto había esperado.

Para que lo visualicen un poco mejor, la práctica de yoga se basa en 7 centros energéticos llamados Chakras, los cuales están a lo largo de tu columna vertebral y son los responsables de balancear aspectos espirituales, emocionales, psicológicos y físicos específicos de nuestro ser. El bloqueo o mal funcionamiento de éstos puede conducir a trastornos físicos, psicológicos o emocionales. Yo tenía completamente bloqueado el cuarto Chakra (Anahata Chakra), el Chakra del corazón. ¿Ya le están encontrando el sentido? Por supuesto que después de mi pérdida tenía el corazón deshecho, el dolor era tan grande que mi cuerpo vio la necesidad de cerrarse y protegerse, y eso se mostró en la pérdida de mi apertura de pecho.


Pero bajémoslo un poquito, no espero que después de este blog o un mes practicando yoga ya seamos expertas en Chakras y me crean todo lo que digo. Al final, como todo, es un proceso y cada quien va definiendo su camino y sus razones para practicar yoga. Lo importante de esto es el hecho de que se mueve energía, se mueve mucho más que solo el cuerpo. Si lo ponemos más sencillo, se mueven el cuerpo, mente y alma.



Retando a la mente


Si cada que entras a una clase de yoga (o las pocas veces que lo has hecho), crees que el maestro está loco y cada que entras a una postura retadora, tu mente sólo piensa en salir, ¡no eres el único! Al final, eso es lo que buscan las posturas: retar a tu mente, hacerte trabajarla y lograr concentrarte tanto en tu respiración que el dolor o incomodidad se quede en segundo plano.

Si me preguntas, esto es lo que diferencia al yoga de otras prácticas. Sí, seguro que en muchos tipos de ejercicios vas a retar a tu cuerpo, las posturas van a quemar y vas a tener que aguantar. Sin embargo, en esos casos el objetivo es trabajar cierto músculo y llevarlo a su máximo potencial, mientras que en el yoga buscamos llevarte a posturas incómodas para trabajar tu mente. La vida siempre es incómoda y nos pone en situaciones difíciles de las cuales queremos salir al instante, pero lo que aprendes en tu hora de yoga queremos que también lo apliques fuera del tapete.


Yo al inicio me desesperaba muchísimo con las posturas, pues todas son isométricas. Recuerdo que el maestro seguía hablando y mi mente sólo decía "ya me quiero salir, profe, ya". Poco a poco fui notando esa desesperación y negación a quedarme en las posturas y viendo una oportunidad para trabajar en mi mente y retarla. Me di cuenta que era una persona muy desesperada que no se podía quedar quieta. Con el tiempo, lo fui trabajando, integrando la respiración con el movimiento y, poco a poco, la práctica empezó a cambiar, pasó a ser muy bonita, satisfactoria y mi momento de soltar, fluir y pasarla padre. 

Como Mar, así empezamos todos. Por ahí he escuchado varias veces la recomendación de darle tres oportunidades al yoga, ya que la primera clase casi todos sufrimos de alguna manera. Eso es de esperarse, ¿cada cuánto trabajas tu mente? Y no, leer o estudiar no cuenta para este tipo de trabajo. La práctica de yoga buscar calmar la mente. Puede sonar fácil, “¿calmar la mente?, ¿controlarla?, ¡por supuesto que puedo!” La realidad es que algo tan simple puede ser extremadamente difícil en la sociedad y costumbres con las cuales vivimos.


Estudios científicos han demostrado que podemos llegar a tener alrededor de unos 60,000 pensamientos al día.


El lado espiritual del yoga


El otro día estaba grabando un podcast con alguien que me preguntó, “¿Pau, el yoga es ejercicio?” Por un momento quise decir que sí (sé que era la respuesta que esta persona buscada), pues en una clase de yoga se suda, se trabajan músculos y termina siendo una actividad física, pero también sé que decir que el yoga es simplemente ejercicio se queda muy corto.


El yoga se divide en ocho ramas: principios morales (yamas), observaciones personales (niyamas), posturas físicas (asanas), control de la respiración (pranayamas), retracción de los sentidos (pratyahara), concentración (dharana), meditación (dhyana) e iluminación (samadhi). Conociendo esto, sabemos que definir al yoga como una actividad física o ejercicio es hablar solamente de una parte de las asanas.


Mientras más practicas yoga, aprendes diferentes herramientas (las diferentes ramas), las cuales poco a poco vas integrando a tu vida. Aunque la gran mayoría de las personas empezamos nuestra práctica desde el ámbito físico, las personas que nos adentramos en ella por años vamos descubriendo mucho más.


Estamos en 2021, han pasado 4 años y la forma en que vivo la práctica del yoga ha evolucionado. Ahora sé que el yoga no son sólo las posturas, sino que la meditación, las buenas acciones y el autocuidado también son formas de practicar esta disciplina (me refiero a las ocho ramas del yoga de Patanjali). Hoy, las posturas ¾para mí¾ son una grandiosa herramienta para conocerme y cuidarme; representan un espacio para hacer una pausa en la vida a fin de observarme y sentirme, y puedo soltar responsabilidades por un rato y observar el ruido mental que me acompaña.

Así como Gaby, quien ahora es maestra certificada en Ashtanga y Vinyasa, muchos de los yoguis que conoces practican yoga dentro y fuera del tapete. Aunque nuestra práctica física, de asuanas, nos ayuda a conectar con nuestro cuerpo, mente y alma de forma más consciente, el objetivo final es llevar todo lo aprendido a la vida diaria. Por ello, un buen yogui no es aquella persona que se para de manos o a quien le salen todas las posturas que te puedas imaginar; un buen yogui es aquella persona que trabaja todos los días para mejorar e integrar cada rama del yoga en su vida. Esto es algo que, con el tiempo, Kare aprendió.


Empecé a practicar yoga en un momento en el que no tenía ninguna otra actividad física, principalmente porque nunca fui flexible, y, por otro lado, mucho tiempo hice spinning y pensé que sería fácil retomar mi condición con yoga. La práctica me enamoró y me quedé en ella hasta hoy… 7 años después. 

Comencé con una práctica suave, dharma yoga para principiantes, en la que aprendí puramente asanas, pero estaba con toda la actitud de involucrarme más y, en dos retiros, experimenté por primera vez la parte espiritual del yoga.

Seguí en línea por mi cuenta, con asanas en Vinyasa muy tranquilas, pero poco a poco dando con meditación, y me di cuenta de lo mucho que me hacía falta este tipo de práctica.

Cuando cambié de ciudad y busqué clases presenciales (porque soledad), me topé con maestros y prácticas mucho más intensas que estaban retando mucho mi condición y mi fuerza. Tomé la certi y la amé, pero sentí que me faltó más, en avance de asanas y en avance espiritual (qué sorpresa, sólo puedes avanzar con la práctica personal).   

Si tu mente sólo piensa: "Todo está padrísimo, Pau, pero la verdad no me llama la atención", ¡te entiendo! Todos empezamos así; son cosas que parecen sencillas, pero sólo pensar en hacerlas nos genera ansiedad.



El balance perfecto


Definitivamente, no estamos acostumbrados a vivir de la forma que el yoga propone; es más, todo lo contrario: vivimos corriendo a todas partes y buscando qué más hacer para distraernos. Pocas veces nos damos el tiempo y el espacio para cuidarnos, conectar y simplemente estar. Justo por esto sería ilógico decirles que, si no están haciendo todo lo que leyeron en este blog, su práctica no es válida. Todas las prácticas son válidas y creo que la historia de Kare lo define de la mejor manera posible.


Considero que a muchos les llama más la atención una práctica de asanas intensas como el rocket, porque las imágenes que recibes son personas súper fuertes, actividad física intensa, el estereotipo de yoga de personas delgadas, fit, megas flexibles. Aquí, en esta intensidad, tienes un resultado inmediato, porque vas a sentir en los músculos el cambio al terminar de practicar. En cambio, para meditar, el “parece sencillo” puede traducirse como “parece aburrido”, cuando en realidad ni es sencillo ni es aburrido, es una práctica de autodescubrimiento hermosa, pero aquí no obtienes un resultado inmediato, en especial si nunca lo has hecho; puedes tardar en de verdad profundizar, disfrutar, permitirte soltar los pensamientos. 

En ambos casos, los verdaderos resultados llegan con el tiempo, con la práctica constante. Pero, en resumen, creo que llama más la atención lo que puedes percibir al primer intento.

No importa qué tipo de yoga practiquen, lo importante es que tengan la apertura a mejorar; así como Mar se dio cuenta de que le hacía falta calmar su mente, o como Kare vio la necesidad de empezar a meditar más, deben buscar qué les hace falta trabajar y empezar a mejorarlo. No obstante, si aun así siguen creyendo que la práctica de yoga no es para ustedes porque no son flexibles, no tienen tiempo o simplemente les aburre, creo que lo que Gaby nos cuenta es algo que absolutamente todos podemos implementar.


Quiero terminar diciendo que esto que yo he encontrado en la práctica de yoga es posible encontrarlo en otras disciplinas, actividades y espacios. Es cuestión de abrirse a probar; somos muchas las personas que estamos en este mundo en la búsqueda de aquello que nos ayude a vivir mejor.

¿Sorprendidas? ¡No necesitan practicar posturas físicas de yoga para practicar yoga! Tampoco necesitan cambiar su vida por completo, dejar su trabajo ni irse a vivir a la India. Lo único que realmente necesitan es encontrar esos momentos de conexión, espacios para trabajar su cuerpo, mente y alma. Así que ¿qué esperan? Tienen la oportunidad de cambiar y mejorar su vida con pequeños hábitos y rutinas que el yoga les puede ofrecer en sus distintas ramas, pero no tomen nuestra palabra como garantía, ¡vayan e inténtalo ustedes mismas!


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