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Detrás del yoga...

Un poco de mi camino para conmemorar el día internacional del yoga


Hoy, 21 de junio, se celebra el día internacional del yoga. Una fecha que para algunos no tiene mucho interés o sentido; para muchos otros es una fecha de reflexión y la oportunidad de recordar las cosas tan increíbles que esta práctica ha traído a nuestras vidas. Si tú aún crees que el yoga es simplemente estirar o mover el cuerpo, te invito a leer este blog para que entiendas porque amamos tanto esta práctica.



Empecé mi práctica de yoga hace nueve años al lado de mi mamá. Aunque en ese momento no lo sabía, la realidad es que nunca se trató solamente de algo físico, era más el pasar una hora al lado de ella, compartiendo tiempo y energía. Durante todo ese tiempo había algo que me seguía llamando a la práctica, nunca supe bien qué era, pero aunque lo dejara por un rato, siempre regresaba con ganas de más.


Cuando mi mamá se certificó hace cinco años, me di cuenta que definitivamente era algo que yo quería hacer, pero aún no era mi momento. Desde ese día, empecé a crear un plan que me acercara cada día más a ese sueño. Cuando conseguí mi primer trabajo un año después, empecé a ir todos los días posibles a practicar, algunas veces con mi mamá, algunas veces sola. Había algo especial en la práctica del yoga que me hacía sentirme bien, más liviana. Lamentablemente, meses antes de cumplir mi sueño, falleció mi compañera de yoga; mi mamá. Pensé posponer el sueño, tal vez no era mi momento. Pero algo dentro de mi me decía que continuara, que lo iba a alcanzar.



Mi espacio seguro


Los primeros días después de la muerte de mi mamá, recuerdo perfecto las ganas inmensas que tenía de ir a practicar yoga; era mi pequeña forma de honrarla y soltar tanto dolor. Pasé en el estudio, meses enteros llorando hasta atrás del salón en cada savasana, soltando todo lo que no había dejado ir el todo el día. En esa época trabajaba en una empresa. Recuerdo la inquietud enorme que tenía porque terminara la jornada laboral y poder correr con mi tapete a tomar clase. De verdad no faltaba a ninguna, fuera entre semana o el fin. Ese estudio se convirtió en mi espacio seguro.


Aquí mi familia y yo en una clase a la cual nos invitaron para honrar a mi mamá.


Meses después llegó la pandemia y ese espacio seguro que había construido ya no estaba a mi disposición. Pero el gusanito del yoga que había crecido dentro de mi estaba más fuerte que nunca. Empecé a practicar en mi casa, con clases en línea de diferentes maestros o hasta de YouTube, lo que fuera que me mantuviera en ese estado de paz y amor.



Una nueva visión


En junio del 2020, empecé mi certificación de yoga en línea. No era para nada lo que había planeado, pero yo necesitaba hacer esa certificación ya. Los primeros meses fueron raros, no tenía mucho contacto con la gente, pero tenía un grupo especial con el que me conectaba una vez a la semana para practicar la serie de Ashtanga que nos teníamos que aprender.

El mejor equipo que la certificación me pudo dar.

Esas pequeñas horas de risas, errores y estudiadas, no sólo me ayudaron académicamente, pero emocionalmente se volvieron en mi nuevo espacio seguro. Un espacio para olvidar todo el dolor que aún había dentro de mi y enfocarme en lo que tanto amo.

Mientras más avanzaba la certificación, más me daba cuenta de que yoga no es simplemente mover el cuerpo y que realmente nadie se queda en la práctica por el "cuerpazo" que te puede hacer (para eso hay mejores ejercicios). El certificarme para dar clase dejó de ser simplemente para enseñar posturas y comenzó a ser para compartir todas las herramientas de autocuidado y sanación que estaba aprendiendo. Me empecé a dar cuenta de todos los beneficios emocionales y mentales que la práctica tiene para ofrecerte, aunque muchas veces pasan desapercibidos por nuestros deseos estéticos.



Mi Sangha


Sangha: Es una palabra en pali y sánscrito que significa "asociación", "asamblea", "compañía" o "comunidad".


Cuando pensé que ya había encontrado lo que realmente hay detrás del yoga, llegó el momento de las horas presenciales. Desde el día uno, me pasó algo que me llamó muchísimo la atención. Yo solía ser una persona un poco introvertida, no empezaba las conversaciones nunca y hablaba con la gente después de que ellos dieran el primer paso. Pero en la certificación fue diferente. Fue como si las conociera de toda la vida.


Mi Sangha en el último día de la certificación.

De verdad es algo que no sé ni como explicar, pero estas mujeres se volvieron parte de mi vida y mi camino en segundos. Los pocos fines de semana que pasamos juntas estudiando y practicando fueron llenos de energía amorosa. Nos levantábamos súper temprano para llegar a practicar juntas y aunque a veces estábamos cansadas, adoloridas o desveladas, todas nos presentamos ahí cada día para compartir nuestro tiempo.


Lo más increíble es que años después de la certificación seguimos en contacto, seguimos haciendo reuniones de vez en cuando o simplemente nos juntamos algunos fines de semana para ir a practicar. Ha sido algo increíble porque realmente aprendí el poder de la Sangha, el poder de tener una comunidad que te ayuda a crecer. Las he visto a cada uno elegir su camino, ya sea dedicándose por completo a esto, dando clase entre jornadas laborales o simplemente manteniendo la práctica para ellas mismas. Cada una me ha enseñado muchísimas cosas y estoy eternamente agradecida con todas por su energía y amor.


"Él buda hablaba que había tres joyas en nuestros procesos, en nuestras prácticas. El primero es el buda, que es el maestro. El segundo es el dharma, que son las enseñanzas. Y el tercero es la sangha que es la comunidad.

Pero cuando uno de sus estudiantes le preguntó al buda que cuál de las tres joyas era la más importante... el buda contesto la comunidad."

Durga Stef



El camino continúa...


Pero la vida no lo dejó ahí. Cada vez que entró a trabajar a un estudio nuevo, he tenido la oportunidad de conocer profesores maravillosos que no sólo me han enseñado muchísimas cosas sobre la práctica física, sino también en la parte espiritual e intelectual. El mundo está rodeado de millones de maestros que se dedican a dar clases, pero realmente creo que he tenido mucha suerte en conocer a personas increíbles que se dedican a esto.


Mariana, una de las maestras que conocí gracias a un estudio y yo.


El mundo de yoga me ha enseñado una parte de la vida que a veces se nos olvida que existe. Me ha enseñado a conectar conmigo y con los demás. Porque ya seas mi compañero en un estudio o mi alumno en alguna clase, todos me han enseñado cosas increíbles que me hacen amar aún más lo que hago.


Y cuando pensaba que mi camino de conocer gente increíble estaba por terminar, llegó a mi la oportunidad de empezar otra certificación de yoga, en la cual he quedado impresionada, ya que como siempre hay algo que puedes aprender. Y no solamente del maestro, sino también de todas las personas que como tú, están ahí para aprender. Cada día encuentro un alma más con la cual conectar y compartir esta práctica que tanto amo.


Mi nueva comunidad de yoga.


Así que, sí, definitivamente el yoga es mucho más que simplemente mover el cuerpo con posturas (asanas) y si te das la oportunidad, no sólo lograrás conectar mejor contigo mismo, sino que también lograrás conectar con los demás.



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